¡Todos podemos vivir en la playa!

Este artículo se me ocurrió porque hace más de año y medio me mudé a la playa y la reacción en general cuando cuento adónde vivo siempre es; “qué dichosa”. Lo que esas personas nunca se han puesto a pensar es que todos podemos vivir en la playa, así como lo oyen.Con el paso de los años cada vez empecé a venir más seguido a la playa y los domingos cada vez se me hacía más difícil regresar. Sé que esto nos pasa a todos, pero lo mío era cada vez más fuerte, casi una necesidad.

Siempre he sido bastante “safe” y de tomar pocos riesgos por lo que sabía que no me mudaría a la playa a menos que tuviera un trabajo estable y viniera con alguna clase de seguridad. Todos los planetas se alinearon y sin pensarlo mucho en cinco días ya la decisión estaba tomada y empecé en mi trabajo teniendo solo una maleta, sin la menor idea de adónde viviría.

Confieso que a pesar de que vivía a hora y media de donde nací y crecí, esa pequeña distancia ya era suficiente para encontrarme con una cultura muy diferente. Era la primera vez que empezaba de cero en algún lugar; sin amigos, nuevo trabajo, nueva casa, nueva vida!!!

No todo fue fácil, cuesta crear una tribu desde cero, saber en quién confiar, tener amigos no solo para salir sino para que te apoyen, te ayuden y te inviten a sus casas. Además en lo laboral me costó también adaptarme a hacer las cosas de una forma tan diferente a las empresas de San José a las que venía acostumbrada.

Me sentía sola, rara y hasta medio mal. Pensaba si había sido la mejor opción pero no pensaba dar vuelta atrás hasta que pasara un año, tenía que darme una oportunidad. A los meses decidí por muchas razones que quería renunciar para seguirme dedicando a lo mío pero quería seguir aquí, quería probarme que podía mantenerme en la playa viviendo de mi propio negocio.

Hoy en día todas las semanas voy un par de días a san José a atender a mis clientes, a hacer mis charlas, cursos y proyectos. Vuelvo a la playa a hacer todo el trabajo de escritorio; cotizaciones, diseño, artículos, etc. Es un concepto de vida diferente y poco común, pero lo he logrado.

Tengo un grupo de amigos consolidado de varias partes del país y de otros países que son mi familia de aquí ya que todos tenemos lejos a la nuestra, unos más que otros. He aprendido a convivir con todo tipo de personas de realidades diferentes a la mía.

He aprendido también a vivir más feliz con menos, una vida más simple en la que una olla de garbanzos es suficiente para reunir a los amigos, en los que la luna llena es el mejor espectáculo y mi patio es el mar.

Estoy convencida que todos podemos vivir en la playa, si realmente es el rumbo que queremos que tome nuestra vida. Sin embargo está claro que implica sacrificios, muchas veces empezar de cero, abrir la mente a cosas diferentes a las que estamos acostumbrados y estar dispuesto a ciertas limitaciones de no vivir en la “ciudad”.

Cada vez que me han dicho “qué dichosa” sé que no soy dichosa, simplemente tomé ciertas decisiones que me trajeron hasta aquí y aunque ahora no sé cuánto me voy a quedar si van a ser semanas, meses o años puedo asegurarles que ha valido la pena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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