El síndrome de “el primer”

 

Untitled-25.pngAlgo que he aprendido es que por más años y experiencias que pasen, siguen siendo complicados. Ese famoso “primer día” de algo no deja de causar en el estómago un mariposario peor que el de las Cataratas de la Paz. Para mí los comienzos siempre son difíciles porque hay que dejar muchas cosas atrás y darle paso a nuevas.

Todo empieza con el primer día del kínder, creo que es una de las experiencias que marcan la vida social de una persona. En mi caso fue super fácil y hasta le pedí a mi mamá que porfa se fuera por que me moría por salir corriendo a socializar y hacerme grande como mi hermana.

Después sigue la escuela en la que uno tiene que dejar de lado a los amigos con los que hacía la siesta y aprendió los colores para entrar a un lugar más grande. Es imposible olvidar la sensación de cada entrada a clases en la que uno corría a ver si en la lista le había tocado con los amigos y volver a ver al chiquillo que le gustaba más bronceado y unos centímetros más alto aunque ni supiera que uno existía. Era una emoción super rica!!!

La entrada no solo al cole sino a la pubertad, todo un nuevo mundo de gente grande y desarrollada en la que uno parecía ser un insecto tan pequeño, nuevos desafíos de materias y por lo general nuevos compañeros. Un mundo de oportunidades.

El primer beso es una cosa indescriptible, es la entrada oficial al mundo del amorshh y la confirmación de que uno es deseado por otra persona, es un acto tan esperado que imaginamos tantas veces previamente que cuando llega por lo general uno se da cuenta que era algo chiva y normal, no esa experiencia del Olimpo que uno había creado en la mente. En esta categoría entra también el primer novio, ese al que le damos el corazón en bandeja, el más puro, al que le entramos con cero traumas ni comparaciones.

La primera “vez”, ya saben de lo que hablo, es una de las cosas que pueden causar más ansiedad en la vida, pensar si a la otra persona le va a gustar, si va a doler, más todas las tonteras que uno se inventa.

El primer día de la universidad, es el comienzo de la vida adulta, muy intimidante llegar a una clase llena de gente desconocida y parecer serio y formal cuando uno en realidad sigue siendo bien carajillo con 17 años. Ese es uno de los momentos en que hay que armarse de valor.

El primer día de trabajo en el que uno no entiende cómo le van a pagar por hacer algo, es rarísimo y ver a cada persona en su escritorio que parecen que saben exactamente lo que hacen, lo complica aún más.

Cada novio y cada carrera que uno saca no hacen más fácil el asunto. La primer noche viviendo independiente, la primer muerte de alguien cercano. Todas esas primeras veces asustan, frekean y estresan.

Algo que también he aprendido es que estas primeras veces no se repiten, son únicas, por lo que el tipo de adrenalina que generan nos recuerdan que el corazón sigue latiendo y nos hacen esperar ansiosos hasta la siguiente primera vez.

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