El poder de las verdades incómodas


Quiero confesarles que me encanta cuando cada uno de ustedes me lee, es aún más interesante si es una persona que me conoce, porque me dan muy buenos comentarios. Otras veces lo que recibo es su opinión sincera de cómo mejorar con conocimiento de causa, ya que conocen toda o parte de mi historia y esencia.

El otro día un buen amigo me dijo que no le gusta mucho mi blog porque siente que yo puedo ser más sincera, arriesgada e ir más allá. Además que lo que escribo es por encimita y no está ni cerca de cómo le describo las cosas en persona. ¡¡¡Ouchhhhh!!!

Al principio dolió un poco; sin embargo confieso que admiro firmemente a la gente que se atreve a decir esas verdades incómodas. En honor a eso tuve que descubrir porqué lo piensa y qué tanta razón tiene.

Varios días después de analizarlo estoy convencida de que mi escritura es sincera, tan sincera que escribo sobre cualquier tema que se me viene a la mente (por eso, semana a semana cambian radicalmente) pero que por supuesto, no soy tan arriesgada.

Escribir en un espacio que pueda leer cualquier persona es bastante complicado, más cuando el tema no es jardinería, teorías cuánticas o los últimos tips de belleza, sino mi vida; lo que pienso, lo que me rodea y lo que he aprendido. Si lo ven así, es como la primera vez que uno se quita la ropa enfrente de alguien; le guste o no lo que ve, ya lo(a) conoció y, repita o no. ya sabe lo que hay y lo que no (yo sé, un poco extraña la metáfora, pero si lo piensan, tiene sentido)

Como dijo algún sabio: “el conocimiento es poder” y es cierto que entre más saben los demás sobre uno, pues lógicamente también tienen más poder y, como aprendimos en Star Wars, no todo el mundo lo usa para el bien.

Después pensé (en uno de esos momentos de claridad) “y entonces, ¿cómo la gente que no me conoce se va a conectar realmente conmigo?” y “¿cómo los que sí me conocen me van a seguir leyendo, si se queda corta mi versión escrita vs mi versión real?”.

¡A quitarse la ropa, señores! Pero acuérdense que es metafóricamente. Sé que no lo voy a hacer de la noche a la mañana, pero con solo tenerlo en cuenta hoy empiezo a sentir como evoluciono para llegar a eso.

Les cuento todo esto porque las verdades incómodas tienen un propósito en la vida que es mejorar algo o a alguien; no obstante, hay que recibirlas como tal y saber distinguirlas de las malintencionadas.

Para identificar una verdad incómoda hágase las siguientes preguntas y estoy segura que la respuesta va a aparecer por sí sola:

¿De quién viene?
¿Por qué me lo dirá?
¿Qué tanta razón tiene?
¿Qué tanto me importa?
¿Qué espera que haga yo?
¿Qué pienso hacer al respecto?

Gracias de nuevo a los que me leen, a los que me corrigen, a los que me cuestionan y sobretodo a los que lo hacen con cariño.

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