Querido Palmares


No sé cómo empezar si hace un año no nos vemos. Podría darte excusas como el trabajo, lo ocupada que estuve escribiendo para mi blog o mil cosas más, pero sé que debés estar harto de que todo el mundo te salga con los mismos cuentos.

Siendo muy sincera, creo que no es un tema de distancia porque manejé a Jacó, Puerto Viejo, Cartago y hasta Santa Teresa. Sin embargo, no encontré un motivo para visitarte durante todo este tiempo. Te prometo que esto va a cambiar porque de nuevo es enero.
A partir de hoy, jueves 14 de enero, empiezan tus dos semanas de fama, en las cuales colapsás las rutas, aparecés en todos los medios y todo el mundo tiene que ver con vos (¡qué nivel!).

Aunque siempre es un placer verte, la verdad es que después de un par de visitas, la cuesta de enero se convierte en un “cuestón”, porque con los años te has vuelto medio carero (sorry por la confianza, pero acordate que nos conocemos como hace 15 años, manda huevo) pero admito que aún así siento que lo valés.

No me ayudás mucho con el tema de mi dieta. Aún me sigo recuperando de los tamales de diciembre y estoy segura que me vas a hacer comer pupusas (las de nana obvio), galleta suiza, tacos mexicanos, choripán, algodón de azúcar, perros calientes, mango en vaso y cuanta cosa me encuentre que me sepa a feria.

Por más que ya estoy “grandecita” sigo sintiendo el hueco en la panza cuando me monto al barco pirata y la casa de sustos en vez de darme miedo, me da risa. Siempre es tan vacilón visitar tus jueguillos.

Decime vieja, pero cada vez creo le van agregando más pisos a los mega toldos (o como se llamen) hasta que un día se van a convertir en edificios. Yo te confieso que soy más básica y me gustan los chinamitos con bailongo, karaoke y ron en pachitas recicladas.

Lo que me encanta es que tenés el poder mágico de hacer que la gente se ría, haga feo, se divierta y a la mañana siguiente no se acuerde de mucho, en algunos casos de nada. Claro, todo tiene un precio y en este caso el que paga siempre es el pobre hígado.

Sé que cada año prometo que será la última vez que vuelvo, porque tenés que admitir que sos bastante intenso, pero ya por ahí de abril se me olvida y apenas empieza el nuevo año solo puedo pensar en vos.

En fin, gracias por todos los momentos que siempre me das (bueno, los que recuerdo) y los que estás por darme en este 2016. Espero que me recibás con el mismo cariño y, si dentro de dos semanas te digo que nunca quiero volver, acordate que no es cierto.
¡Salud!

Foto de http://www.columbia.co.cr

 

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