La teoría de la sombra

sombra

Cada noche, al reunirse con amigos, surgen conversaciones de conversaciones. Normalmente se habla de temas superficiales o de actualidad, sin llegar al fondo del asunto y entre más gente haya en ese círculo, el tema muda con mayor rapidez. Al final, se termina hablando de todo, pero sin profundizar en nada.

Hace poco estaba cenando en la playa con mi hermana y dos amigos que nos encontramos ahí. Oímos música en vivo y bailamos. Uno de mis amigos escogió a una de las mujeres más bonitas del bar, a la cual intentó ligarse toda la noche. Pues ella simplemente terminó yéndose a bailar (y quién sabe que más) con un extranjero que se la ‘robó’ en cuestión de segundos.

Cuando la música se acabó, sin tener ninguna prisa de irnos, empezamos a recapitular la noche. Mi amigo seguía picado, mi hermana era la sensación de todos los locales y a mí me había llegado a piropear con fines dudosos una mujer. Sin embargo, el otro amigo, muy inspirado con birra en mano, solo analizaba nuestras historias y pensaba en silencio.

Hasta que, muy iluminado, como si acabara de hacer un gran descubrimiento científico, dijo: “claro, es que no escogió a la sombra”. Todos nos quedamos un poco bateados y terminamos llegando a la conclusión que se refería a la ‘vieja’ que se terminó yendo con otro.

Al ver nuestras caras se dio cuenta que hacía falta un poco más de explicación y acto seguido decidió instruirnos en esta teoría que, a mí por lo menos, me pareció bien interesante.

Comenzó diciendo que en cada grupo de amigas siempre había una que sobresalía. Era como la protagonista, por ser la más bonita o simpática y la que llamaba más la atención. Y que a veces este puesto privilegiado se obtenía solo por un día, si la mujer en cuestión era la cumpleañera o simplemente por cómo se vistiera.

Obviamente, todos los hombres, que son cazadores por naturaleza, entran esa noche en una intensa lucha por conquistarla, en la cual no se puede ir ni al baño porque les roban el mandado o en sus propias palabras, “les soplan el bistec”. Era justo en una situación como la que recientemente habíamos presenciado en la que entraba a funcionar su teoría.

Contó que, a veces sin ánimos de tanta complicación, prefería irse por “la sombra”. La sombra era esa amiga que estaba de segunda, bonita, simpática, buena gente y hasta interesante, una que podría ser un mujerón, pero que siempre ha sido opacada por la otra que es una centésima mejor.

Pues al parecer este tipo de mujeres siempre son muy vulnerables al estar siempre relegadas al segundo plano, conformándose con las migajas que la más exitosa dejó. Nunca pueden escoger de primera. ¡Qué pecado! Solo sueñan con ser admirada.

Mi amigo se les acercaba a estas pobres sombritas intentando ganar su confianza primero para que supieran que las quería a ellas y no las estaba usando como un medio para llegar a la amiga.

Así era como jugaba sus cartas, sin tanto estrés, competencia ni esfuerzos sobrehumanos, solo sabiendo a qué o en este caso a quién apostarle. Muy simple.

Como mujer, me pareció impresionante tanto nivel de estrategia detrás de todo y aprendí que a diferencia de lo que leí en un libro hay más de 50 sombras.

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