Mutaciones femeninas en el karaoke

mutaciones

Cuando se pone un pie en el karaoke sale a relucir nuestra verdadera personalidad, la que normalmente se mantiene censurada. Hay algo en el aire que simplemente lo invita a uno a “mutar”.

En una noche cualquiera uno puede encontrarse varios personajes femeninos que empiezan a manifestarse con el pasar de las horas. Sé que la próxima vez que visiten un lugar de estos se van a acordar y, automáticamente, van a empezar a clasificar a cada una de las intérpretes.

El personaje más representativo es la viuda negra, esa que le canta con gran odio y rencor a los hombres creyéndose una combinación de Paquita la del Barrio y la guerrera Xena (o China como le dicen algunos). Dios guarde se le atraviese un hombre en media canción porque podría hasta darle un microfonazo.

También se puede encontrar la típica reina grupera que canta cumbias y todo tipo de canciones que se bailan ‘brincadito’. Normalmente tiene la capacidad de echarse uno que otro gritillo vaquero y anima al público con las palmas.

No puede faltar la sensualona, que con un tono de voz casi como de línea caliente puede emocionar mucho al público masculino, mientras las mujeres comentan “esa z……..”. Complementa con movimientos lentos y podría ponerse algo tocona con el público.

Tenemos también a la “piquinglish”, la cual solo canta en inglés para que valgan la pena los cursitos que ha tomado o porque le parece una polada la música en español. Es una de las más valientes, ya que en cualquier momento podría llegar a pelársela por una mala pronunciación.

La enamorada del amor le canta a este bello sentimiento y escoge las canciones más cursis que el universo ha podido crear. Por más joven que sea tiene la cualidad de cantar como la tía de uno. Empacha de solo verla.

Siempre existe un elemento sorpresa que es la que uno ve en una esquinilla, sentada al fondo y no da un cinco por ella. Agarra el micrófono con pena, pero cuando canta resulta que tiene este vocerón que uno hasta termina haciéndole barra porque es gatístima.

La desafinada que acapara el micrófono tiene una voz de terror; sin embargo, se le rescata la seguridad de saber que canta horrible y que a pesar de eso no para de cantar. “Por favor, la mamá de esta chiquita…”. Mejor que se limite a hacer los coros.

La showcera es la que quiere que todo el bar se levante a bailar con ella y trata de animar al público a como dé lugar, sin importar lo que tenga que hacer. A veces tiene buena voz, pero esto es lo último que importa porque monta toda una obra.

Toda esta combinación de especímenes hace que el karaoke siempre sea toda una experiencia. Entonces, la próxima vez no lo dude, “si la sabe, cántela”.

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