¡No soy una señora! ¿O sí?

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El otro día mientras manejaba empecé a oír un anuncio del PANI en la radio denunciando a los adultos que tratan de seducir menores de edad por redes sociales y otros medios. Todo iba bien con el mensaje hasta que el locutor que hacía la voz del carajillo dice algo como “estaba chateando con una muchacha y resultó que era una doña de 37 años”, inmediatamente hice cálculos mentales, sumé, resté y creo que sólo tres años menos que esa “doña” de fijo también me hacen acreedora del título (de señora, no de sátira)

Son estos pequeños shots de realidad los que me van confirmando lo inevitable; momentos como estar en un restaurante y ver a un muchacho caminado con un bebé mientras le dice: “dele campo a la señora”, que no soy una señora carajo.

Es también tener todo un séquito de personas usando la bendita palabra cuando voy al super, farmacia, restaurante, bomba, incluso con tal de que no me digan así ya aprendí a disfrutar del “reina” tan común entre los ticos que a uno lo atienden en los lugares. Díganme como quieran pero dios guarde usen la palabra con “s”.

Si uno llega soltero a los treinta es como estar en el limbo porque nos sentimos aún muy jóvenes, algo nos mantenemos pero cuando salimos a la calle el mundo nos azota recordándonos que ya no estamos “tan jóvenes” como creemos.

Me di a la tarea de hacer una lista de las cosas que hago que son y no son de doña

Podría ser una doña porque:

  • Me emociono los días que hay feria de verduras, se ha convertido en una de mis actividades de la semana.
  • Vivo acompañada de plantas que son mi familia, si se portan bien las dejo dormir en el balcón.
  • Siempre ando la “sueta” en el carro por si hay chiflón
  • Retoco algunas de mis fotos para que no se me vean las arrugitas de las fotos

No soy una doña porque:

  • Vivo en la playa
  • Desayuno chocolate algunas veces
  • No tengo perro que me ladre y aún no compro gatos que me acompañen
  • A veces me dicen que parezco más joven

Para mi ser una señora, doña o como quieran llamarle más que la edad, un anillo, hijos, título, hipotecas, marido o divorcio, perro, es un conjunto de actitudes “doñísticas”, todo un estilo de vida. La próxima vez que alguien me diga así  voy a pensar que lo hacen por respeto y después voy a volver a mi casa a llorar un rato, pegarme una cofealeada y hacerme un tecito ¿se imaginan?

¿Alguien se ha sentido así? ¡Sé que no estoy sola, digan lo que digan estoy segura que YO aún no soy una doña!

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