La historia del Príncipe Feliz

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Ayer en la noche me puse a leer un cuento pequeño de Oscar Wilde que se llama El Príncipe Feliz. Es de unas diez páginas, pero voy a tratar de resumírselos en algunos párrafos:

En un lugar muy muy lejano (como empiezan todos los cuentos) en lo alto del pueblo había una estatua de un príncipe feliz que tenía láminas de oro, zafiros y rubíes. O sea, cero miseria. La gente siempre se maravillaba al verla y la pasaban piropeando.

Un día una golondrina se “posó” (por que decir que se paró suena medio raro) sobre el hombro de la estatua y se impactó al ver que del rostro del Príncipe caían lágrimas y, al preguntarle qué le pasaba, él contestó que cuando estaba vivo pasaba feliz porque desconocía la miseria y todas las situaciones tristes del pueblo que ahora desde lo alto observaba cada noche.

A pesar de que la golondrina quería irse a Egipto a alcanzar a las demás antes de que llegara el frío invierno, cada noche el Príncipe le pedía que se quedara un día más, que le arrancara alguna piedra preciosa o lámina de oro y que se la llevara a alguien que realmente la necesitara.

El día que el Príncipe le pidió que tomara su segundo ojo, una de las piedras más valiosas, ésta decidió permanecer a su lado porque no podía dejarlo desvalido. Pasaba los días contándole todo lo que había visto en tierras lejanas y cada noche seguía repartiendo una a una las láminas de oro. Las otras golondrinas ya estaban muy lejos para cuando llegó el invierno por lo que este fiel pájaro murió congelado a los pies del Príncipe.

Para ese entonces la estatua era de un color metal opaco y la gente solo comentaba lo fea que era. Hasta que el Alcalde ordenó que se destruyera.

Lo que aprendí esta historia:

Muchas veces, dentro de nuestra burbuja y al permanecer constantemente atrapados en el día a día, perdemos la sensibilidad de saber por lo que están pasando las personas que nos rodean; nuestros vecinos; nuestro país.

Vivimos en una sociedad que se volvió demasiado desechable, lo que no sirve que no estorbe, lo feo se esconde para que no arruine la belleza general y lo triste se ignora para no ahuevarse.

Por ello es admirable saber que existen quiénes que anteponen sus intereses y a veces hasta su vida por los demás, en la mayoría de los casos por personas que ni conocen.

Por último los invito a pensar en que cuando estamos bonitos, felices, de buen humor, con plata, con trabajo y cuando la vida nos sonríe sobran las personas que están a nuestro lado.

Son aquellas pruebas y obstáculos de la vida que sacan nuestra peor versión las que demuestran la lealtad de la familia, pareja y amistades. ¿Cuántas golondrinas tendremos que sigan con nosotros aún cuando estemos de mal humor, tristes, groseros, enfermos, pobres, feos o insoportables? Yo ya descubrí quiénes son las mías 🙂

2 responses

  1. Alex Soydós Avatar
    Alex Soydós

    Cuando era niño leí decenas de veces ese cuento. Admiré a la golondrina y aprendí que las personas que te sacan las capas y te ven con luces y sombras y aun así, siguen acompañándote, son las incondicionales. La amistad es un acto profundo de desencantarse una y otra vez con otro y una y otra vez mirarlo con ojos distintos, aprendiendo a quererlo. Te recomiendo el cuento “La princesa que gastaba siete pares de zapatos por noche”. Fue mi mejor lección de cómo conquistar a una mujer, claro que me tardé muchos años en ponerla en práctica.

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    1. Me encantó tu comentario y espero que mi breve artículo capturara bien la esencia, prometo leerlo!!!

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